1 de octubre de 2009

Qué va a ser de mi

1 de octubre de 2009
Qué va a ser de mí, volveré a mentir de nuevo.
Llenaré mi cama de fantasmas, de muertos.
Contaré los días, las calles que nos separan.
Las tardes de domingo esperaré tu llamada.

Maldeciré a las parejas que, abrazadas,
sueñan con habitaciones de hotel desocupadas.
Y odiaré con calma tu risa,
todas mis palabras, nuestra despedida.

Qué va a ser de mí, les diré barbaridades
a las mujeres hermosas que pasen por mi calle.
Sin que me invites, me colaré en tus fiestas.
Cuando venga tu recuerdo, reiré con violencia.

Iré a buscarte a los sitios acordados
aunque tú no vengas, aunque me hayas olvidado.
Te escribiré los versos que nunca te hice,
seré puntual como siempre quisiste.

Qué va a ser de mí, emprenderé un largo viaje
para que el eco de tus noches nunca me alcance.
Qué va a ser de mí, dudo que en ningún bar
me puedan servir todo el alcohol que necesito para olvidar.

Iré a buscarte a los sitios acordados
aunque tú no vengas, aunque me hayas olvidado.
Te escribiré los versos que nunca te hice,
seré puntual como siempre quisiste.

13 de julio de 2009

Carta abierta

13 de julio de 2009
Querida mía, esto que debió ser una conversación
serena o quieta, un reencuentro en un bar, como hacen
los amantes ya desavenidos; un lugar cualquiera bajo el sol,
cobijando del relámpago y el viento, un sitio
en el mundo para recibir una carta o conversar de algo
que, sin duda, siempre quise decirte
secretamente, sin testigos y que ahora se convierte
en una pública confesión, sin ninguna
intimidad. Una oda o una elegía, no
lo sé bien; palabras
con significados ciertos
o melancólicos, que representen nuestro destino
y hablen por nosotros y tiemblen antes de desaparecer.

Trepidaremos ligeramente frente a la sola fachada
del recuerdo, junto a los graznidos
inocentes, los graznidos impensados, los lindos
graznidos, los ásperos y filosos de la realidad.

Quería hablar a solas y solamente de nosotros. Admitir,
abrir la bondad; olvidar
por un momento que el orgullo bate
la mayoría de nuestros ademanes, incluidos
los miserables o los insignificantes. Ah mi viejo amor,
hablar
de estas cosas es abrir una mano que hasta ese momento
era un puño; la mano se abre y los pájaros cubren
el cielo y el horizonte; una pluma
cae muy cerca nuestro y con alguna tristeza vemos
que algo se aleja, algo que guardábamos
en la mano cerrada, un pájaro que vuela y cubre
el espacio. Ya no hay razones para crisparse. Se quiere quejar
la mano vacía, quiere oír
y solamente la soledad la arrastra y la conmueve.
Quería poner las cosas en su lugar; hay un espacio
para cada cosa, una palabra para cada temblor, una disculpa
desencadenando toda arbitrariedad: el temor
ha proferido; ha dado aliento a la traición, pábulo
a la maravilla: tristeza
y rencor por un sueño, un gesto cálido perdido.

Todo el mundo, gente de nuestra época y nuestra
sensibilidad; con ideas
confusas; miedos, maldades y caprichos y aclaraciones
saben
por experiencia cómo el amor y el cariño pudo
hacerse cargo de nosotros y convivir
en una misma cueva con los piojos del odio; ellos crecen
amparados también por el calor pegajoso, por la falta
de luz y el asco y el color dulce
y descompuesto del encierro; todo el mundo
ha presenciado nuestras dificultades; los íntimos,
nuestros golpes; han visto
esas cosas que suelen ocurrir.

Pero lo que no saben, lo que nadie sabe ni ha visto,
es hasta qué punto has logrado herirme de muerte. No
saben
que llegando de lugares opuestos, recorriendo
el mundo y la historia y el cielo patrio de las mentiras
y otras venturas, nos hemos querido, aunque haya sido
con la sola idea de ahogar ilusiones: una reunión
para despedazarnos en las orillas
del amor, la costa movediza
y cercana a los sentimientos sólidos, a la tierra firme.

Nuestra fidelidad, nuestra virginidad, no tienen
importancia comparadas con el tiempo perdido, el que
juntos
hemos olvidado; el tiempo que nunca
supimos ganar. Caricias infieles que nunca te alcanzaron,
extraviándose para que mi mano fuera
precisamente infiel: como un perro
también lameré tu mano virgen; como un animal virgen,
nunca
podré perdonarte el daño que me has hecho, que has
dejado
hacer; aquello que nunca llegaste a conformar: una sombra
merodeando
cada fisura, buscando deslizarse y tomar vida y permanecer.

Ya dije que no era esto una confesión, sino
un ajuste, una memoria. No quisiera que surjan
las dudas o las explicaciones; o reconstruir
cada frase o cada mala intención; sabores destruidos
en pos de la verdad
y de la justicia y otras mentiras del amor.

Con la vergüenza y el miedo y la fragancia de haber vivido
y desear todavía, nos hemos mirado. Parece
que fue entonces. Resulta simple, pero vivir
así, como hemos vivido, corriendo el destino,
sin tregua, acobarda
un poco, o desalienta y no se tropieza
con otra cosa que no sea el olvido.

He escrito poemas en tu nombre, te he cantado,
hemos crecido juntos
hasta el caer de la tarde - como en una novela -, esta
misma tarde
de capitulación o recapitulación.

Querida mía: soy un hombre que te pierde.

"Hasta cuándo", digo, hasta cuándo
tendré que tenerte a mi lado; asomados
a nuestro balcón madrileño, mirando este mundo
aparentemente
ajeno, las revoluciones de otros; el mundo con todo el
sabor
de distancia y de atropello; hasta cuándo
tendré que soportar
tu presencia y toda esa algarabía de la muerte.

Sin embargo seguimos juntos; a tu lado conocí
la alegría del amor. Una noche,
que sin duda recordarás, pude sentir con melancolía y
estupor
que esa alegría llegaba: una extranjera, una viajera
desconocida que intentaba despreciar; ignorándola,
teniéndole
miedo o queriéndola demasiado; empecinándose.

Cuando pienso en estas cosas, en estos hastíos
pequeños y burgueses, en la alegría
de aquella noche y de otras, tengo la seguridad
de que algo va a ocurrir. Estoy
a punto de morirme -años más, años menos- y aunque
no creo
que sea bueno decirlo, aunque sea yeta, lo repito
para no apelar a un sortilegio que exorcise ese demonio
mayor, la reina
de los mandingas; esta única
y manoseada sabiduría sobre la muerte, que me familiariza
con ella; la saludo y la entiendo
como si fuera una vecina con la cual queremos intimar
en el ascensor, pero urgidos
no tenemos tiempo de nada y ya hemos llegado al piso
donde ella baja y ambas -la vecina y la muerte- se nos
escapan
de las manos. Por eso pienso que algo
está por ocurrir; algo que era nuestro ha muerto; algo que es
nuestro, va a morir; va a ocurrir: la nuestra vida que recién
comienza va a ocurrir; el sentimiento
que no ha empezado, va a ocurrir; las ganas
están por ocurrir: un lagarto
pasa amenazando con su presencia o su cercanía, con su
forma
tan suave de deslizarse en el agua, de caer
aplastado sobre el barro, convirtiendo la costa
en un cementerio que ya nadie
visita porque allí, justamente, no ocurrirá nada.

Nuestro viaje a Lima, nuestra segunda luna de miel,ha
pasado
también. Ahora iniciamos
una tercera sobre mucho cadáver, cosas que ocurrieron;
vamos
a ver dónde terminan estas aventuras
de los soles de hiel; dónde termina nuestra arisca
prevención por el otro; porque para eso sirve
que las cosas hayan sucedido, para agazaparnos esperando
el cazador que nunca vendrá, que pasará de largo sin
disparar
sobre nosotros, panteras olvidadas,
inútiles. Vamos a ver dónde termina
esta ferocidad; pronto lo sabremos, pronto iremos
a caer sobre las arenas falsas
de Copacabana. La Corte nos espera. El amor no será
salvado
por nosotros; no morirá con nuestra historia.

Aunque no puedas reconocerlo, aunque cierres los ojos,
esta nostalgia,
mi melancolía, tiene un sabor, una forma
desconocida que te hace cerrar los ojos, negar,
no reconocer nada. Por eso ya no te alarma
cuando huyo de esa mujer endurecida, sin flexibilidad;
convertida
en una especie de salvaje
cuyos zarpazos molestan al domador, como molestan
los mosquitos y las arañas
venenosas; es inútil
que intentes desembarazarte: te irrité
demasiado para que me olvides, te he marcado,
aunque no fui el hombre que debiste
soñar. Tu sexo temblaba
por primera vez y no era yo: me alegro
de que así fuera, porque soy mejor
que toda aquella sobada fantasía; aunque no puedas,
aunque
nos cueste admitir la realidad y terminemos separados
por un pus de odios y de huesos
y malhumor, y se mezclen las situaciones y las palabras
y progresivamente sea peor el otro, domador o fiera,
y la rabia y la indignación más ridícula supure todo el amor.

Por todo esto he huido muchas veces y nunca
supe bien si vas a entrar en mi pasado. Sin ir más lejos,
atravesé
todo un destierro y casi he muerto de calor y de sed;
anduve
leguas enteras vagando por mi país; ya mucho antes de
conocerte
comencé a huir de tu lado; quería sacar
alguna ventaja; tomar
distancia, estar fuera de peligro, fuera de tiro.

Ahora acorralado, tengo
que decir todo esto. Recordar que nos encontramos
como en las películas mudas: doblamos en una esquina,
hacia atrás, para no descuidar
a nuestro perseguidor, huyendo el uno del otro, de nuestro
mutuo presentimiento,
hasta que las espaldas
chocaron y a lo mejor imaginamos
que esa sorpresa, ese susto, era el amor.

Y otra vez te desconozco, pero sin huir, sin
perseguirte. Veo tu boca de amor, tu boca
de tormenta y no sé si es la ternura
lo que me confunde o el cansancio. O tu bondad que no
quiere saltar,
bien guarecida ella en tu corazón egoísta y suelto.

Así, esta carta puede ser muy bien una despedida,
o una invitación para que abras ese calor que he conocido
a tu lado; esa promesa; ese amago. Es hora de tomar
decisiones; es una hora sin seducción: estamos a punto de
viajar; será
una partida en la que -a lo mejor- uno de despide del
otro; un viaje
en el que nos despediremos de muchas cosas; empezaremos
de nuevo juntos o alejados: el mar, el cielo
bajo, la condescendencia, el horror, y los pozos
del aire y otros peligros
del amor húmedo y sin aire que nos secunda; este horizonte
todavía sin vida, que sólo nos espera
para vivir; esta tormenta
de verano que -por suerte- terminará por perdernos.

10 de julio de 2009

El sueño

10 de julio de 2009
Andando en las arenas
yo decidí dejarte.

Pisaba un barro oscuro
que temblaba,
y hundiéndome y saliendo
decidí que salieras
de mí, que me pesabas
como piedra cortante,
y elaboré tu pérdida
paso a paso:
cortarte las raíces,
soltarte sola al viento.

Ay, en ese minuto,
corazón mío, un sueño
con sus alas terribles
te cubría.

Te sentías tragada por el barro,
y me llamabas y yo no acudía,
te ibas, inmóvil,
sin defenderte
hasta ahogarte en la boca de arena.

Después
mi decisión se encontró con tu sueño,
y desde la ruptura
que nos quebraba el alma,
surgimos limpios otra vez, desnudos,
amándonos
sin sueño, sin arena,
completos y radiantes,
sellados por el fuego.


Con este poema se despidió de mí alguien a quien amé. Me golpeó en su momento, pero ya no. Y ahora, limpio de toda esa "cosa" autorreferencial que tuvo, vuelve (como todo).

1 de julio de 2009

SMS

1 de julio de 2009
He tenido que borrar todos tus mensajes de amor para hacer espacio a tus mensajes de odio (la moraleja hasta acá es: el odio ocupa más lugar). No quedan rastros del amor. Ni una sola letra.
Un teléfono cargado de odio, triste metáfora de lo que alguna vez llamamos "nosotras".

29 de junio de 2009

...

29 de junio de 2009
Te esperaría toda la vida si tuviera paciencia y amor suficientes para quedarme al lado de la línea escuchando versiones Commodore 64 de las Variaciones Goldberg o los Brandenburgueses. Te esperaría (¿cuánto me queda: 39 años, con suerte?) colgada de un rizo hidratado, atada de pies y manos, ligera de cascos, pero no es el caso. Te fuiste cerrando la puerta como quien aprendió la lección y cierra el libro para siempre, como quien se va al extranjero y yo que fui tu patria me quedé en la así llamada "reestructuración": parole parole parole.

22 de junio de 2009

James Towle

22 de junio de 2009

La cama está vacía
la forma de tu cuerpo
en ella
quedó grabada con un punzón
caliente en mi cabeza
cada vez que me meto.

Pero,
materialmente hablando
no queda
nada de vos.

Así,
pasarme las horas
tratando de recordar
cómo sabía tu piel
qué olor tenías
cuán suaves eran tus manos
cuando me tocabas.

-La razón, ¿quién la posee?
vieja mala, no me permite
pensar. –

La mente nunca ha sido una aliada.
Solo a través de nuestro tacto
la razón se sindica a los sentidos.

Así,
olvido por qué es
de algún modo siniestro
una suerte que esta cama hoy
esté tan solo llena de mí.

Amarte así, amarte
¿haberte esperado
toda una vida?
¿seremos los últimos?
destructores de máquinas
amamos como si fuéramos a quedarnos
toda la vida en Liverpool fabril
cuna de paño irlandés.
¿y si fuéramos los últimos?
amarte así
haberte amado
tanto

Hace siglos que juego este juego:
los cuentos no se cuentan rectos
la honestidad propia no existe
nadie puede dar cuenta de si
todo es pura inquietud y desazón.

Conozco los mecanismos
de memoria con los cuales
quienes aun se aman
escapan al dolor indecible
del fracaso
y de la pérdida.

¿Por qué demorarse ahora en esta historia?

Impelida recodar
el amor es puro intento
propulsión sin resultado.

Testimonios que quedaron:
actas de juicios, informes de autoridad,
sesiones de terapia futuras
dedicadas en exclusividad, poemas y fotos,
algunas canciones.

¿Existe un espacio de audición
cuando el lenguaje es
ecolalia, balbuceo, clausura?

Petitio Principi:
fracaso luego soy
anónimo, frágil, débil
casi absurdo.

Me opongo
a los símbolos de una economía política
triunfante.

El amor sigue siendo una maquinaria imposible
de adquirir y administrar por mis comunidades
me encuentro en una etapa artesanal de la conciencia
amatoria, de nuestra ética.

De todos modos,
Violencia, nuestro pacto ya no se quebrantará.
Atacar la casa del patrón
sabotear sus resortes
siguen siendo mis tácticas.

La nuca quebrada a la fuerza
cayó por el pozo de la horca vociferando
un viejo himno libertario
silencio
las cuerdas se anudaron en cerrazón
de horca, juego infantil hoy
en horas libres.

En fin,
nada que se acerque a la verdad.
Ned Ludd nunca existió:
solo un nombre pergeñado para despistar
una trampa casa bobos.

Entonces ¿cómo podré encontrarte?

Ludismo, romper la maquina
de lo que nos interpela
ideológicamente,
nuevo crimen legislado
por el deber ser del amor.

Me abrazo al cuello de caballo
de lo que está por devenir
construiré eslabón de un engranaje
que se fragua a fuego lento,
sobre mi regazo reposa
un amante, o un gato mortal.

La paradoja:
fundición alejada de la carretera
de la humanidad, ama y propietaria, que
marcha hacia el progreso

Ninguna sublevación espontánea
ninguna ficción del espíritu
salvaje emerge del vacío.
Por generaciones se transmite
una herencia de maltrato,
saberes resistentes macerados
para escapar a la lógica maniquea
de las culpas, las reacciones estímulo-respuesta,
el gran dirigente de las facturas a pagar.

Si el juego no es nuevo
habrá otros jugadores
otros últimos destructores de máquinas
tal vez nosotros mismos
seamos otros y volveremos
a jugar.

10 de junio de 2009

El Principito

10 de junio de 2009
En aquel momento apareció el zorro.
- Buenos días - dijo el zorro.
- Buenos días - respondió cortésmente el principito, que se dio la vuelta, pero no vio nada.
- Estoy aquí - dijo la voz -, bajo el manzano...
- ¿Quién eres? - dijo el principito -. Eres muy bello...
- Soy un zorro - dijo el zorro.
- Ven a jugar conmigo - le propuso el principito -. Estoy tan triste...
- Yo no puedo jugar contigo - dijo el zorro -. No estoy domesticado.
- ¡Ah! Perdón - dijo el principito.
Pero tras reflexionar un poco, añadió:
- ¿Qué significa "domesticar"?
- Tú no eres de aquí - dijo el zorro -. ¿Qué buscas?
- Busco a los hombres - dijo el principito -. ¿Qué significa "domesticar"?
- Los hombres - dijo el zorro - tienen escopetas y cazan. También crían gallinas. Es lo único que me interesa. ¿Buscas gallinas?
- No - dijo el principito -. Yo busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"?
- Es algo que se ha olvidado demasiado - dijo el zorro -. Significa "crear lazos..."
- ¿Crear lazos?
- Claro que sí - dijo el zorro -. Tú no eres para mí más que un niño muy parecido a cien mil niños. Y no tengo necesidad de ti. Y tú tampoco tienes necesidad de mí. Sólo soy para ti un zorro parecido a cien mil zorros. Pero si tú me domesticas, seremos necesarios el uno para el otro. Tú serás para mí el único en el mundo. Yo seré para ti el único en el mundo...
- Empiezo a entender - dijo el principito -. Hay una flor... Creo que me ha domesticado...
- Es posible - dijo el zorro -. En la tierra se ven tantas cosas...
- ¡Oh! No es en la tierra - dijo el principito.
El zorro pareció muy intrigado.
- ¿En otro planeta?
- Sí.
- ¿Hay cazadores en ese planeta?
- No.
- ¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
- No.
- Nada es perfecto - suspiró el zorro.
Pero el zorro retomó a su idea.
- Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Pero si tú me domesticas, mi vida será como un día de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente del de todos los demás. Los otros pasos hacen que me esconda bajo tierra. El tuyo me hará salir de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan. El trigo para mí es algo inútil. Los campos de trigo no me dicen nada. ¡Y eso es triste! Pero tú tienes los cabellos de color oro ¡Será maravilloso cuando me hayas domesticado! El trigo, que es dorado, hará que me acuerde de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro se calló y miró un rato al principito.
- Por favor... ¡Domestícame! - dijo.
- De acuerdo - respondió el principito -, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que hacer amigos y conocer muchas cosas.
- Sólo se conoce lo que se domestica - dijo el zorro -. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer. Compran las cosas ya hechas a los comerciantes. Pero, como no existen comerciantes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si tú quieres un amigo, ¡domestícame!
- ¿Qué hay que hacer? - dijo el principito.
- Hay que tener mucha paciencia - respondió el zorro -. Primero te sentarás un poco alejado de mi, así, en la hierba. Yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no dirás nada. El lenguaje es una fuente de malentendidos. Pero, día a día, podrás sentarte un poco más cerca...
Al día siguiente el principito volvió.
- Hubiera sido mucho mejor venir a la misma hora - dijo el zorro -. Por ejemplo, si vienes a las cuatro de la tarde, desde las tres empezaré a ser feliz. Según vaya acercándose la hora, yo me sentiré cada vez más feliz. Y ya a las cuatro en punto me sentiré nervioso e intranquilo, ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si tú vienes a cualquier hora, jamás sabré cuándo deberé vestirme el corazón... Los ritos son necesarios.
- ¿Qué es un rito? - dijo el principito.
- También es algo que se ha olvidado mucho - dijo el zorro -. Es lo que hace que un día sea diferente a los otros días. Por ejemplo, entre los cazadores hay un rito. Los jueves bailan con las mozas del pueblo. ¡Entonces el jueves es un día maravilloso! Yo puedo pasearme hasta la viña. Si los cazadores bailaran un día cualquiera, los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
Por lo tanto, el principito domesticó al zorro. Y cuando se acercaba el momento de partir:
- ¡Ah! - dijo el zorro -. Lloraré...
- Es culpa tuya - dijo el principito -, yo no te deseaba ningún mal, pero tú quisiste que te domesticara...
- Claro que sí - dijo el zorro.
- ¡Pero vas a llorar! - dijo el principito.
- Claro que sí - dijo el zorro.
- ¡Entonces no ganas nada con ello!
- Claro que sí - dijo el zorro -, por lo del color del trigo.
Luego añadió:
- Ve a contemplar las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver las rosas.
- Vosotras no os parecéis en nada a mi rosa, aún no sois nada - les dijo -. Nadie os ha domesticado y vosotras no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. Era un zorro igual a cien mil otros. Pero yo lo he hecho amigo mío y ahora es único en el mundo.
Las rosas se molestaron.
- Sois bellas, pero vacías - les siguió diciendo -. No existe nadie que muera por vosotras. Naturalmente un paseante cualquiera creería que mi rosa es igual que vosotras. Pero únicamente ella se siente más importante que todas vosotras, porque yo la he regado, porque la he cobijado bajo la campana, porque la he resguardado con el biombo, porque le he matado las orugas (salvo dos o tres para las mariposas), porque la he escuchado quejarse o presumir o incluso algunas veces callarse. Porque es mi rosa.
Y regresó donde estaba el zorro.
- Adiós - dijo.
- Adiós - dijo el zorro -. Este es mi secreto. Es muy sencillo: Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
- Lo esencial es invisible a los ojos - repitió el principito para memorizarlo.
- El tiempo que has perdido con tu rosa hace que ella sea tan importante.
- El tiempo que he perdido con mi rosa... - dijo el principito para memorizarlo.
- Los hombres han olvidado esta verdad - dijo el zorro -. Pero tú no tienes que olvidarla. Siempre serás responsable de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...
- Yo soy responsable de mi rosa... - repitió el principito para memorizarlo.



(Cap.XXI)



...Soy responsable de lo que he domesticado... (repito para memorizarlo)
 
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